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Sobre las críticas al sionismo y a Irán

In Irán, Política, sionismo on 1 octubre 2009 at 1:21 pm

Mucho he criticado el régimen israelí y al sionismo desde los inicios de éste Weblog, el sionismo suele ser una ideología política racista e intolerante que hace uso de lo que ellos llaman el Holocausto para victimizarse y sustraerse de toda crítica ante sus acciones criminales en medio oriente. Si bien los crímenes de guerra son compartidos entre el Estado de Israel y algunos Movimientos de Liberación Palestina según el mas reciente reporte de la ONU, sólamente el gobierno israelí niega sus crímenes y trata de justificar el genocidio que ha cometido durante años con pretextos cada vez menos creíbles.

Políticos demagogos representantes de Israel como Benjamin Nethanyahu se enfurecen y pronuncian lastimosos discursos cada vez que alguien critica al sionismo y al gobierno israelí. Desde la publicación del reporte de la ONU donde condena a Hamás y a Israel por crímenes de guerra y “Posibles (¿?) crímenes contra la humanidad” Nethanyahu parece haberse hecho enemigo de la ONU y parece que éste le ha generado un trauma, ello lo podemos notar en sus mas recientes declaraciones acerca de las Naciones Unidas llegando al punto de haber declarado que ésta se volverá irrelevante a futuro (Jerusalem Post 01/10/09).

Otro punto en el que difiero completamente de su ideología es en lo que el eje sionista-anglosajón llama el Iranian Threat. Durante años Israel y sus aliados han acusado a Irán de poseer un plan para el desarrollo de armamento nuclear sin presentar prueba alguna y llegando al grado de basarse en reportes falsificados que suelen ser desmentidos a los pocos días y en muchas fuentes anónimas sin ningún valor aparente.

Así en los últimos años se han ido incrementando las tensiones entre Irán e Israel, Después de la invasión a Irak el único gran obstáculo que quedó en pie y que impide al eje sionista-anglosajón el dominio de una región tan estratégica como lo es medio oriente fue y sigue siendo Irán.

No entraré en mas detalles sobre el conflicto debido a que eso es lo que he estado describiendo a lo largo de las entradas de éste Weblog. el propósito de ésta entrada no es una crítica más al sionismo o al estado de Israel, sino un análisis y crítica a la otra gran potencia que disputa el liderazgo de la región, la república islámica de Irán, mas específicamente, a su presidente, el teócrata Mahmoud Ahmadineyad.

Ésta mañana leí en Rebelion.org un artículo titulado Ahmadineyad y el fantasma del Holocausto escrito por Nazanin Amirian donde la autora critica al presidente Iraní por hacer uso político sobre la negación del Holocausto y por crear cortinas de humo con el conflicto en Gaza para ocultar los crímenes que su régimen comete contra su propio pueblo. Esta crítica me llamó la atención ya que, aunque no estoy de acuerdo en muchas de sus ideas, es de las pocas críticas al presidente iraní que no se basan en mentiras y propaganda.

Ahmadineyad y el fantasma del Holocausto

Sería un error descifrar la fijación de Mahmud Ahmadineyad por Israel en clave religiosa, por su compromiso con la causa palestina o en el marco de la disputa que libran Teherán y Tel Aviv por la hegemonía de uno de los enclaves más estratégicos del mundo. Sus motivos van por otros derroteros.

Hace unos meses, una avalancha de suposiciones invadió la prensa iraní cuando un diario oficial, por descuido, reveló que el apellido original de Ahmadineyad es Saborjhian, el de un clan judío iraní. Dato irrelevante si no fuese porque en la República Islámica un judío no puede ocupar ningún cargo público. Este vecino de Aradan había cambiado su apellido por Ahmadineyad “Descendiente de Mahoma”, al emigrar con su familia a Teherán. Tras el escándalo, el reformista Mehdi Karrubi le preguntó acerca de su verdadera identidad, el antiguo Saburjian evadió el tema. Tras autoproclamarse presidente, nombró jefe de su oficina a Rahim Mashai, quien hubo calificado al pueblo israelí amigo de Irán. Ex jefe de los Servicios Secretos y dirigente del principal partido que apoya a Ahamdineyad, Asgar Oladí, también procede de familia hebrea. ¡Sólo faltaba que desde Israel atizara el fuego de la sospecha! Un diario hebreo animaba a los Parsims, la comunidad judía iraní, a darle el voto en las elecciones de junio, y Meir Dagan, el jefe del Mossad, decía que “Israel tendría un grave problema si Ahmadineyad perdiera en las elecciones”. Mohsen Rezaí, ex comandante de los Guardianes Islámicos, le llamó públicamente “agente de Israel”. Misterios genealógicos y de espionaje por resolver, no hay duda de que los discursos de Ahmadineyad le van de perlas a su colega Netanyahu, que siendo consciente de que el apoyo del islamista a la causa palestina no es más que una táctica política, se sirve de “la amenaza iraní” para continuar su política militarista en la zona.

Durante el último asalto de Israel a Gaza, el mero apoyo verbal de Teherán a Palestina sorprendió a Hamás y a Israel, convencidos de una implicación directa de Irán, que optó por no enfrentarse a uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Atrapado en su propia propaganda, el régimen, por un lado animaba a los jóvenes a ir a Gaza, y por otro, mandaba al hermano de Ahmadineyad a desalojarlos una vez en el aeropuerto. Aprovechando este clima bélico, Ahmadineyad paralizó la moción de censura contra sus ministros y cerró varias publicaciones por criticar a Hamás por su estrategia suicida ante el poderoso ejercito israelí. El pretexto, la necesidad de unirse contra “la amenaza israelí”.

Con este enfoque, su intento de reabrir el extemporáneo debate del Holocausto, más que desenmascarar el doble rasero de los organismos internaciones para medir los crímenes cometidos por los diferentes Estados o denunciar el recurso de Tel Aviv al victimismo cuando bombardea Palestina, contamina un trato honesto y sano sobre aquella barbarie, en la que además de judíos, también fueron exterminados cientos de miles de comunistas, anarquistas y demócratas anti-fascistas, entre otros. No se dice que, por ejemplo, de los 25 millones de personas que los nazis mataron en la Unión Soviética, sólo 6 millones eran militares.

En Ahmadinayed, razones políticas, económicas y militares se unen al afán de desmentir los rumores sobre su origen. Su exagerada exhibición como salvador del pueblo palestino -cortina de humo para ocultar los crímenes que comete contra los ciudadanos de su país- incluso ha levantado los gritos de un rotativo ultraconservador como el Jomhuri.e Eslami, que le recuerda que es presidente de Irán y no de palestina, y que deje de desviar la atención de los problemas de la población.

Cuando organizó el infame encuentro sobre el Holocausto reuniendo a los Ku Klux Klan y nazis -con los que comparte el exterminio marxista, de homosexuales, y en las técnicas de acabar con sus adversarios-, en Irán se preguntaban qué motivos había para despilfarrar tantos millones en hablar de algo que sucedió hace sesenta años a miles de kilómetros de allí. Ayatolá Abtahi se quejaba de que “no es justo que el mundo entero vea a los iraníes, un pueblo con tanta civilización, sentado junto a los fascistas”, mientras decenas de políticos e intelectuales propusieron llevarle a los tribunales por “atentar contra la seguridad nacional del país” provocando a Israel.

El empeoramiento de las relaciones con Occidente y mantener aislado el país, de paso, ha aportado un ingente beneficio por el tráfico de mercancías a los militares, que controlan la economía del país y son el principal apoyo de Ahmadineyad.

Hay más. La caída del precio del crudo de 180 dólares el barril a unos 50 en un año, para un gobierno que basa su presupuesto en un 70% en la renta del petróleo, se traduce en una crisis total. ¿Pretende aumentar la tensión en la zona para empujar al alza el precio del barril? La galopante inflación, la falta de inversión en un Irán políticamente inestable y el desempleo de unos 12 millones de jóvenes, anuncian un estallido social. Una guerra como cortina de humo le servirá, además, para aplastar el movimiento de los ciudadanos por los derechos civiles que avanza sin parar. Basa su experiencia en la guerra con Iraq en los 80, cuando exterminaron a miles de opositores y luego montaron el escándalo sobre los “Versículos Satánicos”, a fin de que el mundo no viese las fosas comunes que ocultaban la mayor matanza política de la historia contemporánea del país.

Irán desconoce semejante retórica antijudía. Esta milenaria tierra acogió a los hebreos cuando Ciro el Grande, creador de la Primera Declaración de Derechos Humanos, les liberó de la cautividad en Babilonia y les invitó a vivir en un Irán que respetaba la identidad de los pueblos que lo integraban. Hecho reflejado en Isaías, que llama “mesías” a Ciro.

Fue así como Esther se convirtió en la reina judía de Irán y que aún siguen en pie los 32 lugares sagrados de este pueblo, como la tumba del profeta Daniel.

De los casi 100.000 parsims que vivían en Irán hasta 1978, unos 70.000 salieron junto con los cerca de cinco millones de iraníes que abandonaron el país a consecuencia de la represión política, religiosa, étnica y de género, en el mayor éxodo de la población durante su larga historia.

Irán e Israel hoy, gobernados por la ultraderecha religiosa, se retroalimentan para garantizar su supervivencia en tensión y conflictos.

El régimen teocrático de Ahmadineyad ha sido criticado duramente por la prensa occidental debido a los homosexuales que son colgados en las plazas públicas así como su autoritarismo y su necedad por provocar a Israel atacando un tema tan delicado como lo que ellos llaman el Holocausto, siendo éste uno de los pilares fundacionales del estado sionista y que ha sido dogmatizado por diferentes legislaciones europeas penalizando con costosas multas y con prisión a quienes lo cuestionen, duden de él o lo nieguen. Éstas abiertas provocaciones de Ahmadineyad han causado preocupación y odio entre los sionistas pero como efecto inmediato también ha provocado enemistad con los judíos alrededor del mundo los cuales, según su raza y su religión no son enemigos de Irán, y esta “no  enemistad” queda de manifiesto en el hecho de que en Irán vive una comunidad judía considerable y la cual convive pacíficamente con otras etnias sin ser molestados o acosados por el Estado (léase Nethanyahu y sus demagogías para mas información).

Irán es un país antisionista, no antijudío pero con acciones como la “negación del Holocausto” se gana la enemistad de los judíos alrededor del mundo, ¿por qué Ahmadineyad no habla sobre la histórica colaboración entre los nazis y organizaciones sionistas que datan de antes y durante la Segunda Guerra Mundial?  dicho hecho histórico  que provocó que los nazis exiliaran y trasladaran a una gran cantidad de judíos europeos a tierras palestinas para la posterior creación del estado sionista ha sido denunciado por organizaciones de judíos antisionistas alrededor del mundo y ha sido protagonista de bastantes libros y artículos destacados, pero sigue siendo tabú en occidente y considerado herejía por algunas legislaciones europeas que protegen los intereses del sionismo en sus países, el uso y explotación de  ésta oscura etapa de la historia, principalmente del acuerdo de Ha’avara sería, políticamente hablando, uno de los puntos claves para la desestabilización ideológica del Estado de Israel, sin embargo Ahmadineyad insiste en algo considerado tan “mundano” como la negación de lo que ellos llaman el Holocausto.

Hay que reconocer que el trato del Estado hacia la población iraní representa una mejora con respecto al trato que recibía en las épocas del Shah sin embargo, el progreso en éste aspecto, pese a ser considerable, avanza mas lento de lo que en realidad pudiera ir, sobre todo en materia de derechos humanos.  Ante ésto hace algunos meses Thierry Meyssan publicó un artículo para Red Voltaire titulado ¿Por qué tendría yo que repudiar la voluntad de los iraníes? el cual nos hace pensar y reflexionar acerca de nuestro juicio sobre el régimen iraní y acerca de si deberíamos elaborarlo analizando dicho régimen en un contexto mas amplio, en el artículo Thierry Meyssan escribió:

…Irán no es un Estado cualquiera. Al igual que la Francia de 1789 y de la Rusia de 1917, el Irán de 1979 desencadenó un proceso revolucionario que contradice aspectos fundamentales del modelo «occidental» triunfante, y lo hizo a partir de una fe religiosa. Treinta años más tarde, nosotros, los «occidentales», seguimos viendo el pronunciamiento del Pueblo iraní como una condena moral hacia nuestro propio modo de vida, o sea hacia la sociedad de consumo y el imperialismo.

Cuando se trata de explicar el Irán moderno a los que quisieran entenderlo, ni siquiera sé por dónde empezar. Treinta años de propaganda han creado una multitud de imágenes falsas, imágenes que habría que desmontar una por una…

La revolución islámica fue fuente de grandes progresos: los castigos corporales se hicieron excepcionales, el derecho sustituyó a la arbitrariedad, las mujeres han alcanzado un nivel educacional que sigue en aumento, todas las minorías religiosas están protegidas –con la desgraciada excepción de los Baha’is–, etc. Cuando se abordan cada uno de esos temas, mientras que Occidente encuentra execrable al régimen iraní, los iraníes piensan por su parte que éste régimen es mucho más civilizado que la cruel dictadura del Shah, impuesta por Londres y Washington.

La revolución islámica tiene aún muchos logros que alcanzar y tiene que lograr manejar ese sistema político, típicamente oriental, que, en aras de que cada cual encuentre en él su lugar, multiplica la cantidad de estructuras administrativas y lleva a la parálisis institucional.

La autora del artículo citado al comienzo menciona algo sobre un posible estallido social, ciertamente podría ser intención de Irán el impulso al precio de los energéticos mediante la desestabilización de la región, pero Irán no es el único que ha recurrido a esa clase de métodos, las potencias occidentales mantuvieron durante años a Irak y a Irán en una guerra inútil sin razón ideológica alguna más que la venta de armamentos y el impulso de la gran industria bélica occidental. Pese al desempleo y a la gran tasa de inflación en Irán se debe reconocer que en otros países el desempleo visto en porcentaje en proporción a la población es aún mayor y ha sido así durante varios años sin provocar por ello un estallido social mayor. Así mismo las recientes encuestas realizadas por una agencia estadounidense, aún con sus intentos de demonizar han revelado  que alrededor del 85% de la población muestra confianza en las políticas de Ahmadineyad.

Con todo ésto no cabe duda de que es difícil elaborar una crítica precisa acerca de Irán, como dijo Thierry Meyssan, 30 años de propaganda no han creado imágenes y prejuicios falsos haciéndonos llegar al grado en el que ya no sabemos qué creer y qué no creer. Sin embargo, claro está que si Irán no se ocupa debidamente de sus asuntos internos y atiende como debe a su población, ésta no dará el  soporte esperado en tiempos de guerra aún poseyendo un poderoso ejército y deseos de liberar Palestina y otras regiones de la desestabilización que causa Israel y de defender su soberanía energética, política y económica.

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